domingo, 30 de septiembre de 2012

Ana Guzzetti, periodista.

A raíz de las infelices declaraciones de Orlando Barone en el programa "6 7 8" el pasado 26 de septiembre, justificando la decisión presidencial de no ofrecer conferencias de prensa con el ejemplo del presidente Juan Domingo Perón y la periodista Ana Guzzetti en 1974, se han publicado una serie de informaciones inexactas, que la presente nota aspira a esclarecer. Se transcribe, además, el texto completo de aquel terrible enfrentamiento verbal entre Perón y Guzzeti, tomado del diario "La Nación", edición del 9 de febrero de 1974.

Por Horacio Ricardo Silva, 30 de septiembre de 2012

Diario "El Mundo", 5-3-1974, donde se informa de la querella presidencial a Guzzetti

A principios de 1974, la República Argentina naufragaba en un pavoroso Maëlstrom de violencia política. Era Presidente el teniente general Juan Domingo Perón. En los primeros días de enero, los diarios informaban el enfrentamiento a tiros del dirigente fascista y guardaespaldas de la UOM Alejandro Giovenco, los secuestros de altos funcionarios de Papelera Schcolnik, Pepsi Cola Argentina, y dos empresarios de las industrias pesquera y frigorífica; las torturas policiales al periodista cordobés Roberto Reyna; el estallido de una bomba incendiaria en los talleres gráficos Cogtal, donde se imprimían el diario peronista “Mayoría” y “El Mundo”, este último propiedad del ERP, o la bomba detonada en la casa de un jefe del Comando de Organización peronista en el Chaco. 

Tras el asalto del ERP a la guarnición militar de Azul el 20 de enero de ese año, se desató sin atenuantes la represión estatal y paraestatal. El Presidente de la Nación vistió su uniforme de teniente general del ejército Argentino para proclamar la decisión del Gobierno Nacional de tomar "de hoy en más las medidas pertinentes para atacar el mal en sus raíces, echando mano a todo el poder de su autoridad y movilizando  todos los medios necesarios" y para anunciar la era de la Triple A: "El Movimiento Nacional  Justicialista movilizará asimismo sus efectivos para ponerlos decididamente al  servicio del orden y colaborar  estrechamente con las autoridades empeñadas en mantenerlo". (http://www.ruinasdigitales.com/revistas/Discursos%20Peron%2003.pdf)

20 de enero de 1974: El Presidente anunciando la escalada represiva

Asimismo, el Poder Ejecutivo presentó un proyecto de reforma del Código Penal, claramente dirigido a legislar la represión de las guerrillas y el activismo obrero de izquierda. El resultado: los ocho diputados de la Tendencia Revolucionaria peronista se vieron obligados a renunciar a sus bancas. Luego sobrevendían la renuncia de Oscar Bidegain a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, el golpe de estado a Obregón cano y Atilio lópez en Córdoba, y la intervención de los gobiernos de Jorge Cépernic en Santa Cruz, y Baca Martínez en Mendoza.

En ese marco de violencia estatal y parapolicial, se produjo la famosa conferencia de prensa ofrecida por el Presidente de la Nación, quien vio en la pregunta de la periodista a una pregunta del E.R.P., dado que "El Mundo" reflejaba por entonces la posición de esa organización guerrillera.

Tras ella, Ana Guzzetti fue primero querellada judicialmente, su casa allanada y destrozada, para luego ser secuestrada y torturada salvajemente, estando desaparecida por cerca de un mes. Las secuelas de esta brutal experiencia la marcaron de por vida, como puede apreciarse en un artículo de una ex compañera  (ver: http://elnosoyloquedeberia.wordpress.com/2012/09/28/canallada-barone-una-lagrima-en-memoria-de-ana-guzzetti/) a tal punto, que hoy no se sabe a ciencia cierta si Guzzetti está viva o muerta. 

La periodista Gabriela Cerruti, en el mencionado programa 6 7 8, la declaró "desaparecida" (http://www.youtube.com/watch?v=FIXZyRb40gQ&feature=related); pero Guzzeti apareció, incluso publicó un libro sobre el caso Maders de Córdoba, en 1993. Pero quedó muy mal: en una entrevista radial de Ernesto Tenembaum a su hermano Alberto Guzzetti, éste manifestó que Ana había enfermado gravemente: "le agarró no sé si un delirium tremens. La traje acá, la interné en un par de lugares. Después se la llevó el marido; como no tengo relación con el marido, no sé ni siquiera si está viva". (http://www.youtube.com/watch?v=-RJVMUPw5R0)

Está claro que Barone no pretendía reivindicar la acción de la Triple A; simplemente, habló sin conocimiento, en su desesperación por defender la posición del actual Gobierno Nacional. Lo malo no fue eso. Acaso sea, quizá, que no consideró pertinente disculparse, y que sus compañeros de 6 7 8 desviaron el incómodo silencio hacia otros asuntos de la agenda. Eso sí, puede considerarse como grave.

A continuación, la transcripción textual de lo ocurrido en la Residencia de Olivos, aquel infausto 8 de febrero de 1974 ("La Nación", 9-2-74):

"Posteriormente la señorita Ana Guzzetti, cronista del diario El Mundo, dijo:
‘Señor Presidente, cuando usted tuvo la primera conferencia de prensa con nosotros, yo le pregunté qué medidas iba a tomar el gobierno para parar la escalada de atentados fascistas que sufrían los militantes populares. A partir de los hechos conocidos por todos de Azul, y después de su mensaje llamando a defender al gobierno, esa escalada fascista se ha ampliado mucho más. En el término de dos semanas hubo exactamente veinticinco unidades básicas voladas, que no pertenecen precisamente a la ultraizquierda; hubo doce militantes muertos y ayer se descubrió el asesinato de un fotógrafo.[1] Evidentemente todo esto está hecho por grupos parapoliciales de ultraderecha’.
 Perón, fuera de sí, le respondió: ‘¿Usted se hace responsable de lo que dice? Eso de parapoliciales lo tiene que probar’. Aquí el Presidente se dirigió al edecán aeronáutico y le indicó: ‘Tome los datos necesarios para que el Ministerio de Justicia inicie la causa contra esta señorita’. La misma periodista añadió: ‘quiero saber qué medidas va a tomar el gobierno para investigar tantos atentados fascistas’. Presidente: ‘Las que está tomando. Esos son asuntos policiales que están provocados por la ultraizquierda y la ultraderecha. La ultraizquierda, que son ustedes (señalando a la periodista con el dedo) y la ultraderecha, que son los otros. De manera que arréglense entre ustedes. La policía procederá, y la justicia también. Indudablemente que el Poder Ejecutivo, lo único que puede hacer es detenerlos a ustedes y entregarlos a la Justicia. A ustedes y a los otros. Lo que nosotros queremos es paz, y lo que ustedes no quieren es paz.’
La cronista que mantenía el diálogo con Perón expresó: ‘Le aclaro que soy militante del movimiento peronista desde hace trece años’. Presidente: ‘Hombre, lo disimula muy bien’.



[1] Se refiere a Julio César Fumarola, asesinado a balazos el 6 de febrero.





martes, 4 de septiembre de 2012

Una investigación "definitiva" sobre la Semana Trágica

(Por Daniel Casas, Agencia Télam - 4/9/2012)




La permeabilidad del gaucho argentino y del trabajador fabril a las ideas anarquistas y socialistas traídas por los inmigrantes, y que fueron ingredientes ideológicos de la Semana Trágica de enero de 1919, son el dato destacado del libro "Días rojos, verano negro", del historiador Horacio Ricardo Silva.
El libro redondea una meticulosa investigación historiográfica y sobre todo hemerográfica de los antecedentes y los acontecimientos de la huelga general que comenzó a fines de 1918 en los talleres metalúrgicos Vasena, en el barrio porteño de Barracas, y que hizo eclosión con toda su furia en los primeros días de 1919.

Esta nueva investigación sobre un tema ya abordado por otros autores fue calificada de "definitiva", por el periodista e historiador Osvaldo Bayer, sin dudas la máxima autoridad en la materia, quien prologa el libro de Silva.

"Definitiva porque recurre a todas las fuentes posibles, trae las versiones de todos los sectores, describe profundamente la época y sus costumbres, la vida política y los intereses reinantes. Describe las diferentes reacciones de los distintos sectores sociales. Los problemas internos de las organizaciones obreras. Además analiza las investigaciones ya existentes sobre este hecho histórico", dice Bayer.

Como antecedentes de la violenta conmoción obrera de enero de 1919, el autor destaca que las ideas socialistas y anarquistas que trajeron "los gringos" germinaron con facilidad en los gauchos locales "dando continuidad al carácter individualista anárquico que, intuitivamente, ostentaba el paisano de la llanura en tiempos tan remotos como el siglo XVII".

Silva cita -en este punto- cartas de mayo de 1721 en las que el comisionado del Cabildo se quejaba de que "se acogen a los indios muchas personas cristianas de todas estas provincias que quieren vivir sin Dios, sin Rey y sin ley, considerándolo por esta razón cueba (sic) del maldades".

Documenta luego el proceso de urbanización del gaucho, como consecuencia de la apropiación por parte de las clases acomodadas de las tierras que se iban ganando a los indios, avaladas por la Ley de Enfiteusis, de 1826, y consolidadas por el uso de los alambrados, a mediados de esa centuria, para delimitar lo propio de lo ajeno.

El autor dedica casi 100 de las 260 páginas del libro a reconstruir e interpretar los elementos que confluyeron en los acontecimientos que justifican el título "Días rojos, verano negro", que se comenzaron a gestar el 2 de diciembre de 1918, cuando estalló la huelga en la casa Vasena, patrocinada por la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos.

Detalla pormenorizadamente esos días signados por masacres como la de Nueva Pompeya, del 7 de enero, que derivó en la generalización del conflicto ante la pasividad del gobierno nacional, ejercido por Hipólito Yrigoyen, y del Congreso, que no conseguía reunir quórum para analizar el tema.

Aporta datos documentales y los combina con testimonios de la época rescatados tanto de los medios periodísticos que reflejaban las voces obreras como de los que cuidaban los intereses de los patrones.

Incluso Silva expone las distintas especulaciones sobre la participación en los acontecimientos del teniente Juan Domingo Perón, que por entonces tenía 23 años y revistaba en el Arsenal Esteban de Luca, dato que fue usado por la Unión Democrática en la campaña electoral de 1946 y al que aludió Perón, ya Presidente, en un acto de 1948, según cita el libro.

Horacio Silva nació en Buenos Aires, en 1959. Es escritor, historiador y periodista. Ha publicado artículos en Todo es Historia, Caras y Caretas y en el periódico de las Madres de Plaza de Mayo.

En 2008 el autor ganó la beca Ezequiel Martínez Estrada, otorgada por la Biblioteca Nacional, que destinó a la investigación que dio lugar a "Días rojos, verano negro".

Fuente: Télam

La crisis de 2001 en Argentina y las empresas recuperadas

(Artículo publicado en formato de E-book por la ONG italiana FILEF -Federazione Italiana Lavoratori Emigranti e Famiglie, en su sitio Cambia il Mondo)


Por Horacio Ricardo Silva (*)


1. Miércoles 19 de diciembre de 2001: El comienzo.[1]

Estaba en su departamento de la calle Yatay, en el tanguero barrio de Almagro, cavilando sobre cómo iba a hacer para conseguir trabajo de una maldita vez —con 42 años de edad, el mercado laboral lo había relegado a la categoría de obsoleto—, cuando empezó a sentir el ruido.
Primero fue un murmullo audible apenas, que luego fue creciendo hasta convertirse en un estrépito, como de tachos batidos con frenesí. Se vistió apresuradamente y bajó hasta la calle para ver qué ocurría: en la esquina de avenida Corrientes, en lugar del tránsito vehicular de siempre, ardían dos pilas de neumáticos incendiados, alumbrando la noche; y entre la negra humareda, se veían pasar cantidad de pequeños grupos de gente, golpeando ollas y cacerolas, caminando por la ancha calzada hacia el centro de la ciudad.
Había algo de mágico e hipnótico en aquella marea humana. No era una marcha de protesta convencional; no había banderas, gritos, cantos ni consignas. Sólo la gente que caminaba, en silencio, castigando con tapas y cucharones sus ya abollados utensilios de cocina. Fascinado por aquel hechizo colectivo se unió a la multitud, sin saber adónde iba, ni para qué.


Ver artículo completo (en castellano):




[1] La reconstrucción de los hechos del 19 y 20 de diciembre de 2001 se ha realizado en base a los diarios Página 12 y Clarín, y a los recuerdos personales del autor.




Éramos dos


Por Romina J. Alves (*)

Éramos dos y el tiempo…
Simplemente eso…
Sin el materno abrazo reparador perdido, allá, un buen día
Éramos dos y el tiempo
El que restaba por vivir aún, pero ya se extinguía
Éramos dos y no sé cuántos otros más…
Corriendo libres por nuestros sanguíneos ríos…
Linaje muerto, perdido y vivo…
Y fuimos uno, en la pequeña muerte del sereno instante ciego
En el que los ojos se cierran…
Y el corazón se ciñe miedoso de ya no ser él…
Seamos hoy mientras podamos…
Que el tirano volador acecha ávido de más retornos…
De más pequeñas muertes…
Y de algún que otro par encandilado por la propia luz etérea sin sentido y singular…

(*) Escrito hace unos tres meses, este poema resultó finalista en el XII Certamen Internacional de Poesía, Cuentos y Cartas, "Homenaje al Amor", Grupo Escritores, con auspicio de la SADE. La autora (Bs. As., 1982) ha publicado Poesía Vana / Poesia Vã, libro de poemas en castellano y portugués.